sábado, 11 de febrero de 2012

Llevé a Rigoberto con mi madre regresé  para cerrar la puerta y llorar, la habitacion se llenó de respiraciones cortadas, la cama de papeles arrugados, los ojos me quedaron hinchados, la nariz mormada y terminé pensando que riego demasiado al cactus.

1 pliegues:

Beto dijo...

Demasiado o muy poco, los cactus nunca son felices.