Lo más interesante es que siendo lectora de Jorge Bucay no sepa decir ni una sola frase de consolación, eso sí que me invitó una cerveza de quince pesos, pagó las paletas de fresa y se prestó para revisar minuciosamente tiendas de lencería.
Me regaló inciensos para las malas vibras y me contó de la felicidad de ser ama de casa, se quejó de la muela y en sus recomendaciones fue practica y acertada, hablamos de la posibilidad de establecer una mini empresa y utilizar mi departamento como oficina, la idea me entusiasma pero ya lo intentamos, nos ganó la ambición y perdimos a nuestro primer cliente en cuestión de días, siempre que hablamos de la anécdota reímos pero creemos que la idea puede funcionar. El negocio es bueno pero hemos perdido practica, necesitaríamos invertir en capacitación, comprar programas y dedicar tiempo a la cartera de clientes.
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Yo seré cliente fiel aunque no tenga claro ni de qué trata su negocio.
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