Es increíble el grado de fanfarronería que utiliza Sony Entertainment para convencernos que Greys Anatomy es la mejor serie de televisión y ayer de tanto llorar casi me convenzo y es que no hay escenario más conmovedor para hablar de amor que un montón de quirófanos, corazones abiertos, gente moribunda que lucha por vivir y médicos dispuestos a salvarlos.
Las serie cobra sentido cuando las defensas han bajado produciendo una titánica infección en la garganta, golpe en la rodilla y cólico menstrual, demostrando afición y sensibilidad a la vida ficticia del Dr. Shepherd y Meredith Grey que hacen de cada capítulo un culebrón con radiografías, uniformes y frases de hospital, para bienestar de la cursileria, me declaro seguidora de la serie y cliché de las mujeres con pijama, nariz enrojecida, chocolatinas y kleenex al lado del control.
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