Fingir ha sido fácil, crecer complicado, a los doce me calculaban nueve a los quince tuve mi primera menstruación y ligeras curvas hasta los dieciocho, siempre tuve actitud adulta y un cuerpo delatándome inexperta.
Muchos intentos de madurez y tenues aciertos, el área de trofeos se reserva para acciones retraídas y círculos que no se dibujaron, quizá por eso me ha costado adquirir cortinas, sillones, microondas y cojines, cada compra significa arraigo, responsabilidad, dificultad de regreso.
No sé cómo hablar del titubeo y la sonrisa de escribir nuevo domicilio, es ridícula la equivocación de caminar a casa de mi madre, patética la sensación de culpa, el sabor de tristeza, le he dejado a Rigoberto para que no se sienta sola aunque ella opina que me cansé de limpiarle y comprar croquetas.
A la felicidad siempre se llega tarde, a los aciertos también, en el recibo de luz y agua aparece mi nombre, a veces niego los veintiocho y me complazco en la mentira de veinteañera independiente.
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